Me levanto de un útero
de llanto,
y realmente no me importa
de donde son las lágrimas.
El tiempo rompe la fuente del absurdo,
nueves meses de desolación,
y el segundo en que se vive
se divide a la mitad,
y a la mitad...
La vida puja recuerdos
que ya no existen,
que ya no valen,
y realmente ya no sé si existo
o si seré otra memoria.
Asomo la cabeza entre
las piernas exhaustas de la vida,
mil manos me separan de la madre.
Tomame entre tus manos de memoria,
soy un frágil fantasma,
corta el cordón umbilical de la cordura,
un baño de plata te dirá que existo.
Y apunta el nombre recuerdo
en el acta de defunción,
que hoy
nazco con ganas de morir.
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