La manera más adecuada de iniciar este escrito que con toda certeza no leerás, sería indicar brevemente que mi vida es una basura. Evidentemente la afirmación debería ir acompañada de fundamentados motivos, de modo que vos o el lector ocasional que en definitiva será el único, pueda mirar las notas y sentir un escalofrío o un ronroneo de lástima subirle por la espalda, digamos, recorriendo la columna vertebral... algo así como esa sensación desagradable de tener un insecto de múltiples patitas subiendo inevitable por nuestro cuerpo. Evidentemente puede fracasar y que vos lo descartes a la primera, el o la lectora diga que pereza otro igual y de un manotazo o delicado "clic" apague estas ilusiones.
No obstante esto no se entendería plenamente sin terminar de leer el escrito, es decir, sin darle el chance, de modo que la basura no sea mi vida en sí, sino que remita a otros tópicos. Mi habitación, ese cuarto de fondo con la ventanita que mira un árbol y ropa tendida, da asco, de haber continuado con vos, lo habría arreglado un día, habríamos venido acá y yo hubiera intentado excitarte. ¿A qué viene todo esto? El asunto acá es que vos elegiste no estar aquí, y yo, con ganas de escribir, decidí hablar de vos fingiendo que hablo de mí o viceversa.
Entonces limpio mi cuarto y aparecen tus recuerdos como cadáveres empolvados, la etiqueta de una cerveza que con palabras escritas al dorso anuncia que será el fin del mundo lo que nos separará y viene a mí-mente el recuerdo de cuando era cierto, éramos muy jóvenes y decir cosas como esas estaba permitido. La cuestión acá es que hay un dolor que deja sin palabras, la metáfora dirás vos o un lector atento no es tan cierta, pues si dejara sin palabras este escrito terminaría en este punto, y dado que no terminó y que la enunciación de palabras continuó se da por lógica consecuencia que el citado dolor no dejó sin palabras o que en el mejor de los casos faltan datos para la cabal comprensión de la afirmación, y esto como ya dije en lógica pura, digamos un “si p implica q” y encontramos un “no q” entonces la conclusión del silogismo será “no p”, claramente el modus tollens, famoso en su versión de los cisnes negros de Popper, con el falsacionismo del ciencia y que poco o nada importa en la cuestión de nosotros, de ese querer que ya suena a cadáver maloliente, como ese cigarrillo viejo y mohoso marca Dromedario que encontré cuando limpiaba mi cuarto, sacando tus recuerdos en una bolsa que bien abrazo y me deja con tu dolor que ya no es tuyo mezclado con el desagrado del tufillo de la basura añejada en recuerdo.
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