domingo, 14 de agosto de 2011

Ineptitud y muerte

Este deambular hacia la muerte pinta estos roídos huesos míos del color de tus sombras, de aquello que fue vida y sentido, de aquel existir tan bello y distante, de aquel recuerdillo que conservé celoso de mí y de tí en aquella cajita rellena de palabras, palabras que bordaban sus paredes, que prometían y se dejaban decir cualquier cosa. Vos y yo realmente disfrutamos aquellas ingenuidades; luego vos creciste y develaste sus mentiras, yo no.

Incapaz de mirar más allá de la sombra, más allá del hueso que reclamo y del que me hago declamar seguí fantasmas, di vida al perro de cristal que espera ansioso en tus imagenes, que mira burlesco como tejo cual mortaja falsas esperanzas; sí, tenía razón Boccanera, su saliva ya sueña con mis huesos, pero su trampa no estaba hecha de paciencia, yo, en cambio, tejo con premura, ofrezco venas, lapido el camino de este suicidio prolongado y extenso que pienso como vida... como humanidad... como silencios donde hablas y alientas hermosos demonios en mis carnes.

Así que, dado ese curioso estado de ineptitud generalizada, ya podés empezar a saber que este deambular hacia muerte sobreanunciada, esta jodida noche de repensar vanidades, camina, inevitable, hacia ese yo y ese vos que somos, desnudos, míseros y bellos, ante el reflejo del ojo que no acepta trampas de nuestros miedos.

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