No habría que defender al himen
sino el derecho de la niña
a conservarlo,
a guardarlo, si lo quiere,
en una cajita
y que no se lo robe el miedo,
que no le toque la cara
con sus dedos de ganzúa
que no se sumerja
en la mala hora
de este continente
ubicado siempre al este de la sombra
en la izquierda más amarga de la noche.
No tendríamos por qué perder el tiempo
hablando del ultimo castigo al estudiante,
del abismo que cuelga desde sus cuencas vacías,
pero algo habrá que decir
sobre su derecho de gritar
a negarse a sucumbir en el lodo
sin caer fulminado
por esta piel de víbora
que palpita desde el suelo
a no convertirse
en llama y aguacero
cuarenta y tres motitas de luz
entristeciendo el amanecer.
Ni defender al indio
perro miserable adornando las esquinas
sino a su derecho a estar aquí
a mi lado o al suyo pero aquí
a no ser marcado como ganado
y que vea bajo la lluvia
como su alma se disuelve
en los claroscuros.
¡Pero es que nos han hecho tanto!
¿Cómo hacer poesía si nos han hecho tanto?
¿Cómo aparecen ellos, poetas, criticando estas palabras?
Nos han querido dar
y lo han hecho tan duro
con tanta rabia
como si cada sangre
cada aullido que impone el silencio
calmara sus desiertos
animales que gritan a la luna
para olvidar que se saben tan solos
bocas de ceniza
besando las frentes de los hijos
cuando el alba hace llover el llanto
y se marquen en sus caritas
los huesos de esta condena.
Historias que aparecen, aparecieron, se van. A veces vuelven, se sientan a la mesa, toman café y las envío frescas a su casita de té, con el cesto ya menos pesado de recuerdos e ilusiones, y alguna mala muerte besada en la mejilla.
jueves, 12 de marzo de 2015
jueves, 12 de febrero de 2015
El hijo
Te estaba leyendo, juan
y me dabas unas ganas de llorar
le hablabas al hijo
le pedías al mundo
que no le reservara tantos dolores,
que no subiera el pan
que le dejara algo de leche,
algunos pájaros,
unos amigos.
Hablabas de su rostro
que aun no veías
cubierto con el vientre como cielo
usabas palabras como cuna
pañal la bata,
y el amor era el cuenco
de tus manos sosteniendo el mundo.
Te estaba leyendo, juan
y me daban unas ganas de llorar,
porque la vida le reservó pan
canto de estrellas
cuna de llanto
en el mar profundo de los desaparecidos.
y me dabas unas ganas de llorar
le hablabas al hijo
le pedías al mundo
que no le reservara tantos dolores,
que no subiera el pan
que le dejara algo de leche,
algunos pájaros,
unos amigos.
Hablabas de su rostro
que aun no veías
cubierto con el vientre como cielo
usabas palabras como cuna
pañal la bata,
y el amor era el cuenco
de tus manos sosteniendo el mundo.
Te estaba leyendo, juan
y me daban unas ganas de llorar,
porque la vida le reservó pan
canto de estrellas
cuna de llanto
en el mar profundo de los desaparecidos.
sábado, 13 de diciembre de 2014
PALABRAS A UNA MUJER DISTANTE
Esa mujer
construye una casa de lápidas
sobre las nubes,
balneario de mi sangre quemada
sobre el abismo teje
un dibujo de su nombre,
sus palabras
eran pájaros hambrientos
que agonizaban contra mi pecho.
Este blanco corazón de tiempo
esperaba contra el muro
un murmullo que le salve
que trasnoche la desidia
de esta perra vida
que se estancó en su
cabello cuando
se enfrentó a la despedida y a la puerta
El mes que vino,
su sombra le precedió
arrastrando mis palabras,
como habitante ajeno del universo,
dormí con su fantasma
que ahuyentó mi sueño
con su voz tibia.
Esta mañana apareció,
vino como el rumor que oíste
madrugar al viento
y al asfalto frío del abandonado.
Dormirá conmigo
esta noche
extenderá por un segundo
la humanidad de mi cuerpo,
y ella,
entre la niebla
danzará sobre el abismo.sábado, 19 de julio de 2014
Fragmento de novela
Agustín
colecciona citas de libros, lo que piensa es una actividad abrumadoramente
solitaria. Todas las personas que ha conocido con su mismo nombre son algo
miserable, unas cosas patéticas. Lee libros y coloca pequeñas flechas en sus
pasajes favoritos, los que le dicen algo, como la voz eléctrica de un sonar que
se devuelve de profundidades oscuras nunca vistas por el ojo humano. Es posible
acercarse a alguien por los libros que lee, pero solo se les conoce realmente
por la lectura que hacen de esos libros, por las citas que eligen como
representantes de sus vidas. Los libros dicen siempre más de sus lectores que
de aquellos que les escribieron.
Luego,
Agustín transcribe cuidadosamente las citas, que dice son fragmentos de su
alma, a un cuaderno que le regaló Samir. Piensa en ese cuaderno como un bosque
de palabras, en el que aquella alma compasiva que le acompañe como testigo del
tiempo se adentrará, sus hijas largamente soñadas, de las que pasa el tiempo
eligiendo nombres, se adentrarán, y tendrán así una imagen más humana de ese
hombre retraído que es él.
Pero
Agustín no conoce a esa mujer, y esas niñas no existen más que en su mente,
como memoria de un pasado prohibido por la vida que aún no ocurre, que no
ocurrirá nunca. Y ese cuaderno no es sino un bosque de espanto, una marca
imborrable de su soledad. Un diario de su lectura destructiva de la vida.
Como
el nombre que dios se dio a sí mismo para existir y que fue vedado a los
hombres, como el ruah, el viento que
sopla en el desierto y que dio vida a la primer pareja humana para luego ser el
árido viento que impone la muerte, así Agustín se da a sí mismo esas palabras
que encuentra en otros para decirse que existe, como un Karamazov soportándolo todo para afirmar su existencia, diálogos
de muerto como refugio del azote cotidiano, que se repiten para formar con
frágiles manos de viento su personalidad. Sin embargo en horas más sinceras, su
mirada cae en pasajes crueles y reveladores: una cita de Cortazar anuncia que detrás de todas las respuestas y las
máscaras hay un agujero negro, y Coetzee sentencia que detrás de cada una de las puertas nos espera un nuevo horror.
Entonces él sabe que detrás de su última máscara no habrá un vacío, no habrá
una máscara infinita ni un rostro calcinado por el miedo, sino un nuevo horror,
aquel en el que cuelga sus máscaras y sus palabras al dormir, y que aflora como su
más sincero temor. El terror-carne, el terror-hoja-de-cuaderno, donde se
soportan las palabras que ha elegido. Esas palabras que son cristalizaciones de
su alma, pero el alma no es sino un supuesto, una ficción que espera ser
hallada, como las palabras de sus libros que esperan el advenimiento de ese
lector futuro. Pero ella no viene. Queda como dios, repitiéndose infinitamente
su nombre, absolutamente separado del mundo.
martes, 8 de abril de 2014
Poema
Nunca sabrás a qué sabía
esa madruga sobre mi rostro
nunca escucharás
del bramido de ese lobo en
el viento
Nunca más, espero,
el esperma rozará
como anoche tu espalda
Por eso, ayer,
antes de la huida y desde la
puerta,
mastiqué los últimos
gramos de tu sexo.martes, 11 de marzo de 2014
Noche
Ella me dejó un poema
colgando de la puerta.
Yo tenía un cuaderno de frases robadas,
diálogos de muertos
como bitácora del azote salvaje y cotidiano.
Ella trajo el frío, la voz que ciega el silencio.
Había pintado la piedra para el naufragio,
sesos repartidos entre la hoja y el anhelo.
Su ausencia fue el aullido de la noche
que secuestró al aire.
He intentado
(yo también, aún sin nombre)
salir de esta página,
de la sombra cosida,
volver al entrecomillado
de alguna redacción suicida.
Ella tejió mis parpados a la esperanza y a la espera,
llamó a la vida como testigo del tiempo.
Ahora estoy a solas con su nostalgia,
ella me dejó un poema colgando de la boca,
arrancó las paredes de esta casa de espanto.
Voy a cerrar la puerta,
Esta noche ella poblará mis versos.
colgando de la puerta.
Yo tenía un cuaderno de frases robadas,
diálogos de muertos
como bitácora del azote salvaje y cotidiano.
Ella trajo el frío, la voz que ciega el silencio.
Había pintado la piedra para el naufragio,
sesos repartidos entre la hoja y el anhelo.
Su ausencia fue el aullido de la noche
que secuestró al aire.
He intentado
(yo también, aún sin nombre)
salir de esta página,
de la sombra cosida,
volver al entrecomillado
de alguna redacción suicida.
Ella tejió mis parpados a la esperanza y a la espera,
llamó a la vida como testigo del tiempo.
Ahora estoy a solas con su nostalgia,
ella me dejó un poema colgando de la boca,
arrancó las paredes de esta casa de espanto.
Voy a cerrar la puerta,
Esta noche ella poblará mis versos.
martes, 21 de enero de 2014
Venir
Cuando se fue
volvió la poesía.
No trastabilló tras la puerta
no fue grito en espejo
no vino callada como sombra
ni como grito en boca de mujer extraña.
Ni como lamento vino
ni como susurro
ni como érase-una-vez
ni como poco-sabía.
No era musa,
no residía en bebida espirituosa
ni en humo sospechoso
ni en húmedo gemido lastímero.
No se llamó venganza,
no fue compañera de dolor
ni trapo de llanto.
Apareció, si lo hizo,
como residuo cotidiano,
mirada en ventana abandonada,
como fondo de existencia,
como imagen puesta-sobre-mí-trás-de-mí.
Vino complemento a la esperanza
y como grito, temblazón,
tal vez, tatuaje,
columna vertebral
grito si es necesario
y si no importa
volvió la poesía.
No trastabilló tras la puerta
no fue grito en espejo
no vino callada como sombra
ni como grito en boca de mujer extraña.
Ni como lamento vino
ni como susurro
ni como érase-una-vez
ni como poco-sabía.
No era musa,
no residía en bebida espirituosa
ni en humo sospechoso
ni en húmedo gemido lastímero.
No se llamó venganza,
no fue compañera de dolor
ni trapo de llanto.
Apareció, si lo hizo,
como residuo cotidiano,
mirada en ventana abandonada,
como fondo de existencia,
como imagen puesta-sobre-mí-trás-de-mí.
Vino complemento a la esperanza
y como grito, temblazón,
tal vez, tatuaje,
columna vertebral
grito si es necesario
y si no importa
sábado, 2 de noviembre de 2013
Geografía extraviada
(2 de noviembre, Día de Muertos)
Para O. Trujillo, con un café atavido de frío en las calles de Coyoacán
Para O. Trujillo, con un café atavido de frío en las calles de Coyoacán
Hoy supe que no debo estar aquí. Me di cuenta cuando respondí con un silencio a la afirmación de mi madre de que su vida no tiene sentido. Yo me quedé mirando su figura, hecha un puño fetal contra la almohada, pensé que lo único que le podía decir es que era cierto, que la vida de nadie tiene sentido y que en este segundo de universo en el que existimos todo se diluye, que nada hay más alejado que las palabras sentido, motivo, porqué y otras similares, que yo lo sabía desde hace mucho, y que ni ella, que afirmaba tanto en sus ratos esperanzados un más allá, podía ignorar el desamparo.
Pero no podía decirle eso, era mi madre y aunque ese
desamparo fuera existencial yo no podía confirmarselo, pero tampoco me sentía
capaz de inventarle una excusa, ilusiones reconfortantes, siempre he sido un
pésimo consejero. Así que la arropé, le pregunté si quería un té o que cerrara
la puerta y me fui de allí.
Ya en mi cuarto, protegido por el pestillo llegué a esa
conclusión: yo no debería estar aquí, a veces siento que hay gente mal ubicada,
la idea de la geografía extraviada tal vez era un asunto vital y no político.
Yo debería estar en otra parte, pensé en México, en el Df sumergido en la
noche, en los cafés de Coyoacán a las 2 am, en Crisabella leyendo a Wolf en
Medellín y esperando mi respuesta dos meses retrasada, tal vez allá tendría las
respuestas. Hay gente que es como si nunca acabara de tocar el suelo, yo soy uno de esos, y realmente siento que lejos de este horizonte donde no sucede
nada podría finalmente hundir mis pies en la tierra. Me pienso en un corredor
multicolor, acostado en una hamaca esperando amigos lejanos, o que llegue Omar
para charlar de libros y de la herida erótica que genera el amor perdido, de la
necesidad de dolerse hasta ver los huesos hechos ceniza, acariciar el pequeño
enrrejado de una casita en lo árido de Oaxaca mientras la polea se mueve en
rústico pozo. Yo sabría de qué va la vida allá, sabría decir la vida es tal
cosa, vale tanto, pesa esto, por tal cosa sería mejor no amanecer mañana vuelto
frío bajo las sábanas.
Pero acá no tengo respuestas, acá soy el banal
ofrecimiento de un té, acá no pasa nada, en este país, en esta Suiza
centroamericana, en este valle central con sus zonas clase media, yo no debería
estar acá. Mi mundo debería ser entre metros y editores, ratos de lectura y
conversaciones, desiertos y frío. Yo no debería estar acá, no debería estar
acá...
martes, 27 de agosto de 2013
Mirando al Térraba
No suelo comulgar mucho con poetas, hace un tiempo, luego de largas decepciones había decidido alejarme de ese pequeño mundo. Pero uno suele dibujar una piedra y tropezar dos veces, como dice Boccanera. Así que concurrí a un concurso de poesía, celebrado en el marco del 40 Aniversario de la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje de la Universidad Nacional, bajo el seudónimo Jorge Vigil. En dicho concurso obtuve, con este poema, el primer lugar. Agradezco a dicha Escuela la oportunidad y procuraré que esto se convierta en la motivación de una fecunda actividad poética. Acá el poema.
Mi lengua es como un
tentáculo
se me pega al paladar
y me ahoga las palabras.
Tengo el pellejo
hecho un charco de blasfemias hasta el piso,
colgándome del cuello,
suplica como madre de hijos hambrientos.
Cada vez me siento más un animal,
perro atado al que se le escurre
el mundo entre las patas.
Veo una muerte
con rostro de espejo,
la utopía del futuro
es mi cuerpo desnudo pudriéndose en una zanja.
Escucho voces que gritan,
me siento una de ellas,
una nostalgia húmeda de ira
me sube de la tierra,
me habla de la cabeza de un indígena en una estaca,
de una montaña que llama y no sé su paradero,
del río madre devorando
la serpiente de asfalto.
¿Por qué tengo hambrefríocansancio?
La mano cercenada del amigo sin trabajo,
el feto creciendo en la barriga,
se me pega al paladar
y me ahoga las palabras.
Tengo el pellejo
hecho un charco de blasfemias hasta el piso,
colgándome del cuello,
suplica como madre de hijos hambrientos.
Cada vez me siento más un animal,
perro atado al que se le escurre
el mundo entre las patas.
Veo una muerte
con rostro de espejo,
la utopía del futuro
es mi cuerpo desnudo pudriéndose en una zanja.
Escucho voces que gritan,
me siento una de ellas,
una nostalgia húmeda de ira
me sube de la tierra,
me habla de la cabeza de un indígena en una estaca,
de una montaña que llama y no sé su paradero,
del río madre devorando
la serpiente de asfalto.
¿Por qué tengo hambrefríocansancio?
La mano cercenada del amigo sin trabajo,
el feto creciendo en la barriga,
los pies sucios de la
figura con el niño en la acera,
el nombre negado en una
encuesta que te dice que existes.
Me estoy volviendo un animal,
una selva de años palpita y llama,
la manchada calavera de un jaguar
en un bosque de lluvias.
Véame,
estas carnes son las de un fantasma,
muere y se levanta,
la voz del olvido me dice quién soy.
Me estoy volviendo un animal,
una selva de años palpita y llama,
la manchada calavera de un jaguar
en un bosque de lluvias.
Véame,
estas carnes son las de un fantasma,
muere y se levanta,
la voz del olvido me dice quién soy.
martes, 25 de junio de 2013
Teatro inútil
Ponerse a beber el tiempo
y a la larga quedarse ciego,
como esos cementerios
o esas parroquias de pueblo
que ya no saben ni lo que hablan
ni lo que guardan.
O quedarse viendo el reloj,
comprándole el pasado a un segundero
al que no le importa nada,
como un historiador escribiendo biografías
de los que no son ni gente.
Eso es perder la vida,
hacerse viejo en la silla en la que se nace,
esperar que la muerte sea un papel en blanco.
¿Por qué no mejor esperar
que hagan falta actores en el reparto,
que la obra que otros actúan
no quede completa,
con final de cementerio blanco
tumba sin nombre.
Y que nos dejen actuar,
aunque sea para beberse el tiempo,
aunque sea para hacerle
bitácora al segundero,
para sentir una derrota buscada y elegida?
Eso es ganarse la muerte.
martes, 28 de mayo de 2013
Nada 2
"Nada. Luego completo. Es para la cosa de tener una entrada mensual. Debo dos, pero estoy ocupado."
O al menos era eso, un impasse entre la tragedia que nos inunda cuando tenemos dos o tres cosas que hacer de mala gana (y ciertamente mal hechas) y una responsabilidad que antes no lo era, de esas que empezamos hacer porque nos decimos que nos gustan y terminamos haciendo por obligación.
O al menos eso decimos. Pongamos las cosas en claro, pocas veces las obligaciones son reales (lo que pasa es que no nos gustan las consecuencias) menos una cosa como teclear pedacitos de plástico y que se formen figuritas en una pantalla que de a poco te deja ciego, y que uno empieza por llamar letras, palabras, luego poemas, luego prosas, luego ya resignado y más sincero, notitas. Si uno escribe es porque quiere, tal vez sea porque quiere querer, o porque quiere la obligación de querer, o porque se quiere obligado y si no no se quiere tanto o se quiere distinto, ya en ese caso no hablamos de la voluntad de querer sino de cariño.
Y era que yo no quería y había dejado una nada mal colgada acá, y no cualquier nada, sino una con número "Nada 2" porque ya tenía una número 1 que dejó de ser nada cuando se hizo Casa. Les puse "nada" porque no sabía que poner antes de que mayo diera su último toque y me dejara sin notita del mes, una especie de autoengaño para decir que llevo un cronograma. Pero esta nada ya no pudo ser, al menos ya no pudo ser algo, tuve que hacer algo sin que dejara de ser una nada. Sucede que una nada es nada si no se nota, pero cuando alguien le encalla una mirada, un comentario, una crisabella, ya uno se ve forzado a cambiar de estrategia.
Por supuesto que las herramientas usuales no funcionan en casos así: escribir, teclear, redactar, todas palabras y acciones para hacer cosas. No tenía verbos que me indicaran como hacer una nada más bonita y no me alcanzaban los diccionarios, y la esperanza de montar un bakin improvisado desbordaba mi conocimiento en el arte del bakin -de verdad soy bastante malo en lo que a bakines se refiere, y además mi cuarto es un cuadrado de paredes con solo una ventana, bloqueada por un pájaro pechoamarillo celoso de que no abran la celosía donde hizo su nido, así que cosas con olor están estrictamente reglamentadas so pena de morir asfixiados o que los olores se vuelvan demasiado presentes y ya no se noten.
Así que tuve que inventarme mis propios verbos, cosa en la que tampoco soy muy bueno, yo funciono decorando los caminos habituales, no torciendo rumbos. Así que pensé en "garrapatear", así que garrapatie estas notas haciendo más larga esta nada con número de la que hablamos... pero la idea era demasiado poco salubre, además yo poco he interactuado con garrapatas como para convertirlas en verbo. Tampoco puedo benjaminear algo, pues un benjamín es por estos rumbos un aparato para hacer de un plafón de bombillo un tomacorriente.
Así que voy a crisabellear esta nada, aunque de crisabellas francamente yo no sé nada, pero siendo la culpable de que esta nada fuera permanente, bautizaré el arte hacer de una nada algo sin que deje de ser nada como un "crisabellear", debe ser algo así como ese guardar fotos en un álbum de nieve que decía Jorge Boccanera, o seguir el camino de hormigas alrededor de un árbol como Juan Bañuelos. Una de esas cosas que no tienen ni porqué y que te vuelven, de a ratos, en el tedio de la vida encerrado en cuatro paredes por los oficios, momentáneamente como la cola de un cometa quemándose a millones de kilómetros de distancia, más humano.
Yo había escrito nada como un impasse, una concesión al tiempo, una jugarreta para que mayo me esperara en junio y luego la corrigiera, pero no pudo ser. Cristabella llegó y volvió de esta nada un algo sin que dejara de ser nada. Así que la complete, la cristabellé, tal vez de mala manera -mea culpa en ese caso. Aunque bueno... si fue malo el resultado no importa, total apenas era una nada para hacer un rato menos feo.
O al menos era eso, un impasse entre la tragedia que nos inunda cuando tenemos dos o tres cosas que hacer de mala gana (y ciertamente mal hechas) y una responsabilidad que antes no lo era, de esas que empezamos hacer porque nos decimos que nos gustan y terminamos haciendo por obligación.
O al menos eso decimos. Pongamos las cosas en claro, pocas veces las obligaciones son reales (lo que pasa es que no nos gustan las consecuencias) menos una cosa como teclear pedacitos de plástico y que se formen figuritas en una pantalla que de a poco te deja ciego, y que uno empieza por llamar letras, palabras, luego poemas, luego prosas, luego ya resignado y más sincero, notitas. Si uno escribe es porque quiere, tal vez sea porque quiere querer, o porque quiere la obligación de querer, o porque se quiere obligado y si no no se quiere tanto o se quiere distinto, ya en ese caso no hablamos de la voluntad de querer sino de cariño.
Y era que yo no quería y había dejado una nada mal colgada acá, y no cualquier nada, sino una con número "Nada 2" porque ya tenía una número 1 que dejó de ser nada cuando se hizo Casa. Les puse "nada" porque no sabía que poner antes de que mayo diera su último toque y me dejara sin notita del mes, una especie de autoengaño para decir que llevo un cronograma. Pero esta nada ya no pudo ser, al menos ya no pudo ser algo, tuve que hacer algo sin que dejara de ser una nada. Sucede que una nada es nada si no se nota, pero cuando alguien le encalla una mirada, un comentario, una crisabella, ya uno se ve forzado a cambiar de estrategia.
Por supuesto que las herramientas usuales no funcionan en casos así: escribir, teclear, redactar, todas palabras y acciones para hacer cosas. No tenía verbos que me indicaran como hacer una nada más bonita y no me alcanzaban los diccionarios, y la esperanza de montar un bakin improvisado desbordaba mi conocimiento en el arte del bakin -de verdad soy bastante malo en lo que a bakines se refiere, y además mi cuarto es un cuadrado de paredes con solo una ventana, bloqueada por un pájaro pechoamarillo celoso de que no abran la celosía donde hizo su nido, así que cosas con olor están estrictamente reglamentadas so pena de morir asfixiados o que los olores se vuelvan demasiado presentes y ya no se noten.
Así que tuve que inventarme mis propios verbos, cosa en la que tampoco soy muy bueno, yo funciono decorando los caminos habituales, no torciendo rumbos. Así que pensé en "garrapatear", así que garrapatie estas notas haciendo más larga esta nada con número de la que hablamos... pero la idea era demasiado poco salubre, además yo poco he interactuado con garrapatas como para convertirlas en verbo. Tampoco puedo benjaminear algo, pues un benjamín es por estos rumbos un aparato para hacer de un plafón de bombillo un tomacorriente.
Así que voy a crisabellear esta nada, aunque de crisabellas francamente yo no sé nada, pero siendo la culpable de que esta nada fuera permanente, bautizaré el arte hacer de una nada algo sin que deje de ser nada como un "crisabellear", debe ser algo así como ese guardar fotos en un álbum de nieve que decía Jorge Boccanera, o seguir el camino de hormigas alrededor de un árbol como Juan Bañuelos. Una de esas cosas que no tienen ni porqué y que te vuelven, de a ratos, en el tedio de la vida encerrado en cuatro paredes por los oficios, momentáneamente como la cola de un cometa quemándose a millones de kilómetros de distancia, más humano.
Yo había escrito nada como un impasse, una concesión al tiempo, una jugarreta para que mayo me esperara en junio y luego la corrigiera, pero no pudo ser. Cristabella llegó y volvió de esta nada un algo sin que dejara de ser nada. Así que la complete, la cristabellé, tal vez de mala manera -mea culpa en ese caso. Aunque bueno... si fue malo el resultado no importa, total apenas era una nada para hacer un rato menos feo.
lunes, 29 de abril de 2013
La Casa
Creo que uno es como una casa: naces y estás en lugar que en mucho uno no decidió, ubicado en un barrio que no siempre se puede cambiar, tal vez con características inamovibles, costumbres, tendencias, gustos que son como bases, límites de la propiedad, linderos.
De lo que se trata es de ir cambiándola, remodelándola: le pones pintura a tu gusto, adornos, cuadros, la música de Chopin desde la cocina a la sala, pones pisos, divides áreas, la biblioteca, el estudio, la sala de visitas, la del ocio absolutamente inservible y relajante, etc.
Un día uno invita a alguien a pasar, a veces vienen un rato y nunca reaparecen, una noche, un par, entran y se van tal cual, observan el decorado, comentan algunas cosas y quizá reacomodan algo. Pero otras vienen y se quedan, vienen a vivir a la casa que es uno, le cambian cuadros, quitan Chopin y ponen a Charlie o a quien sea, derriban paredes, los tapizados, y luego, como vinieron se van. Esas son las relaciones, no solo amorosas, sino también los amigos, pero por el grado de modificaciones que hacen suelen afectar más (o de forma más total y generalizada) las relaciones amorosas. Novias, novios, personas de una o varias noches, entran, recorren la casa, se van, vuelven, traen cosas, muebles, etc. Todos vienen y dejan algo.
El asunto es cuando se van, Neruda decía que era tan corto el amor y tan largo el olvido, y toda persona que alguna vez, sepa o no que significa la palabra, ha amado, o querido ha alguien lo sabe cierto. A veces salen limpiamente, como un cuchillo que apuñala un cuerpo ya desangrado. Otras hacen tal desorden al salir que uno no tiene más remedio que comenzar una limpieza profunda, botando muebles, cuadros, cuanta tontería haya dejado esa persona y que moleste: no se puede guardar demasiado, la idea es que ellos dejaran su marca, su decorado, pero no vivir en una casa que se parezca demasiado poco a uno.
Pero los peores son los que no se van, apenas les alcanzan las fuerzas para morir en la puerta, en el jardín, y los que uno se empeña en enterrar a medias o dejar tirados en la sala: un cuerpo podrido que infecta toda la casa, o sea, a uno, todo, enfermo.
En esto hay que ser absolutamente pragmático: limpiar lo que ensucia, dejar las fotos bonitas, los recuerdos, sacar los viejos muertos, abrir las ventanas, espiar a la vecina nueva, lo que sea, comenzar de nuevo, a vivir.
Tal vez esto sea una tontería, pero pienso que la analogía sirve para hablar de uno, difícilmente si su perro muere por mucho que lo quiera se va a quedar con el cadáver, entonces... ¿Cuantos muertos tenemos en el armario?
viernes, 1 de marzo de 2013
Tierra de Nadie, Onetti
Extracto del libro de Juan Carlos Onetti "Tierra de Nadie", leí este libro en medio de un periodo en el que estaba realmente ataereado y tenía poco tiempo y concentración para dedicarlo a imbuirme en un libro, sin embargo soy un poco adicto a leer, tanto porque me distrae y divierte (salud mental), como por cuestiones de sueño, cuando uno pasa mucho tiempo frente a la computadora el insomnio suele atacar, leer un libro es siempre efectivo para acceder a los dominios de Morfeo.
Resulta que consumido por el trabajo de mi tesis en filosofía acababa los días exhausto de leer textos académicos que ahondaban en un solo tema... entonces quise leer un texto que tuviese capítulos breves (para leer unos diez o quince minutos antes de dormir), cuya trama fuese absolutamente irrelevante, nimia disconexa y disruptiva, esto para no tener que estar recordando y pensando en que era lo que había sucedido, o sea algo cuya lectura entretenga pero no exija. Entonces encontré este texto de Onetti, la literatura existencial que tan bien se da en los autores latinoamericanos e ibéricos se caracteriza por mostrar lo insignificante de la vida diaria, de recordarnos que fuera de nuestra mente y nuestro reducido grupo de allegados nuestra vida no se inscribe en ningún lado cual libro de la vida, y a su vez, se puebla de bellas imágenes y una prosa exquisita.
Pues bien, por eso leí "Tierra de Nadie" si esa es su situación, recomendado. Transcribo, como invitación, el capítulo que más me gustó, una selección meramente personal. Creo que esto es Onetti, o más bien su ciudad, esa ciudad henchida de mierda, o la vida, o los hombres, una masa amorfa, cochina, un elemento de muerte o más bien de violencia que nunca se concreta pero siempre está ahí, y uno sabe que hiere y que duele, y la vida que se esperó al llegar a una meca de arte, de amor, de su cuerpo desnudo y que no fue más que un amasijo de miedos, de nunca poder tocarte porque esa belleza no es más que la imagen del sueño donde eramos otros, y no los viejos, sucios, los de la moral de los gordos y las tarjetas, los que nunca podrán ir a esa isla prometida, a ese campo, a la casa de la madre, a la infancia de la felicidad, porque todos somos tan sucios como ese río negro que corre como cloaca en lo cotidiano de la vida. Bueno, les dejo a Onetti:
Resulta que consumido por el trabajo de mi tesis en filosofía acababa los días exhausto de leer textos académicos que ahondaban en un solo tema... entonces quise leer un texto que tuviese capítulos breves (para leer unos diez o quince minutos antes de dormir), cuya trama fuese absolutamente irrelevante, nimia disconexa y disruptiva, esto para no tener que estar recordando y pensando en que era lo que había sucedido, o sea algo cuya lectura entretenga pero no exija. Entonces encontré este texto de Onetti, la literatura existencial que tan bien se da en los autores latinoamericanos e ibéricos se caracteriza por mostrar lo insignificante de la vida diaria, de recordarnos que fuera de nuestra mente y nuestro reducido grupo de allegados nuestra vida no se inscribe en ningún lado cual libro de la vida, y a su vez, se puebla de bellas imágenes y una prosa exquisita.
Pues bien, por eso leí "Tierra de Nadie" si esa es su situación, recomendado. Transcribo, como invitación, el capítulo que más me gustó, una selección meramente personal. Creo que esto es Onetti, o más bien su ciudad, esa ciudad henchida de mierda, o la vida, o los hombres, una masa amorfa, cochina, un elemento de muerte o más bien de violencia que nunca se concreta pero siempre está ahí, y uno sabe que hiere y que duele, y la vida que se esperó al llegar a una meca de arte, de amor, de su cuerpo desnudo y que no fue más que un amasijo de miedos, de nunca poder tocarte porque esa belleza no es más que la imagen del sueño donde eramos otros, y no los viejos, sucios, los de la moral de los gordos y las tarjetas, los que nunca podrán ir a esa isla prometida, a ese campo, a la casa de la madre, a la infancia de la felicidad, porque todos somos tan sucios como ese río negro que corre como cloaca en lo cotidiano de la vida. Bueno, les dejo a Onetti:
TIERRA DE NADIE
Cap. XXX
«Y está también el pausado brillo misterioso del pelo suelto en la almohada. Hay un codo rugoso bajo el oscilante seno izquierdo y éste queda rodeado, redondo y dormido en el ángulo del brazo. Un hilo de aire que sopla de tu boca o de la mañana roza el vello sombrío junto al sueño del seno, defendiendo la noche de tu cuerpo. Aquí la mañana, los hombres pesados y graves que despiertan sin ganas, quemándose el pecho con el café amargo y humeante. Allí tus sueños, el silencio y la mañana
»Ella y yo nos inclinamos atentos sobre tu cabeza quieta por donde pasean pies ligeros y absurdos. Es como la sola vez que te vi dormir. Pero entonces era el amor y ahora es el misterio.
»Te miramos. A veces una mano se me va a tu mejilla para despertarte, para que parpadees veloz y asombrada lágrimas y niebla de la noche y me oigas contarte que han pasado tantas cosas en mí, en la vida, y que sin embargo no ha pasado nada. Decirte nada y mirarte y emocionarme con nuestra antigua mirada. Pero el miedo quiebra mi mano y quedamos quietos y curvados mirando tu cara. Ya el sueño escapa de tu sueño lejano y obstinado. Como la luz grisada que vence las cortinas, las extrañas cosas y las locas personas que te llenan van desbordando en la habitación.
» Lentos brotes se hinchan y crecen, enlazan los muebles, frotan los rincones con sus enormes ojos ciegos. Nosotros, la mañana, el aire que fuiste meciendo en la noche, la mano perdida en la sábana, el pezón vinoso y replegado, todos somos tu sueño.
»Frotamos suaves y veloces, murmurando ansiosos nombres de Dios, largos ruegos obscenos, palabras violentas y unos secretos que estaban rezagados y acabamos de encontrar; somos angustias, bocas redondas de pescados, luna escamosa, arenales, rutas, y el hombre de negros anteojos que asoma desde el piso treinta y saluda con su revólver el fresco manojo de lilas a la cosa inmunda que trota las calles. Es el misterio de tu tierra dormida, la habitación nunca vista, la vieja sala embrujada con el bronce sucio de los candelabros, el piano desdentado y amarillo, el traje de baile perdido en el diván y la alfombra de extraviados dibujos con su vieja mancha de sangre y el esqueleto de una rosa, aplastado.
»Pero otra vez cae rota la mano que alzaba hasta tu hombro, tu mejilla, tu labio pesado y mustio. Porque quería contarte que han pasado cosas, tantas cosas en la vida y que, sin embargo, nada, nunca pasa nada.»
martes, 19 de febrero de 2013
Auxilio Lacouture. Olvido. Auxilio Olvido Lacouture, la madre de toda la poesía mexicana, la uruguaya que le arrancó una presa a la muerte, una muerte que creía muy suya y que no era sino la de un pendejo propiedad del rey de los putos, la que resistió cuando los militares violentaron la autonomía universitaria mientras en Tlatelolco sonaban los balazos. Ahora estoy ahí y solo hay olvido. El memorial vacío y un indigente durmiendo en su sombra. Las torres de apartamentos blancas como mausoleos, y esta ciudad inundada de muerte. Me siento mejor que en casa. Realmente este lugar es un cementerio, pero no de quienes murieron cuando esa plaza vistió su tercera sangre, ni con la segunda, ni con la primera ya vuelta abono para el pueblo mexicano, sino de quienes continuaron viviendo y se dejaron llevar por el olvido. Auxilio Lacouture. Nadie nos arrancará a nosotros de esta muerte. Auxilio Olvido Lacouture.
viernes, 1 de febrero de 2013
Juan Bañuelos
Uno de los poemas que más me ha impactado fue escrito por Juan Bañuelos, un escritor mexicano que tuve el placer de escuchar una vez, a mi entrada a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Costa Rica, en ese tiempo se organizaban festivales de filosofía conjunto al Festival Internacional de Poesía y ese año, en el 2007, fue invitado Bañuelos y se le publicó un poemario.
Nunca crucé palabra con él, fue hasta después cuando leí ese texto que me impactó, el poema se titulaba "Oboe Nocturno", posiblemente ese junto a "Ni pena ni miedo" de Zurita (el que estoy por tatuar en mi cuerpo) son los poemas que más me han impactado, además de "Balada en San José" de Boccanera.
En el tiempo en que estuve en México tuve la esperanza de conocerlo, invitarle a un café, hablar de poesía y de la vida, que es básicamente lo mismo. Pero por supuesto esa cosa tan tonta no sucedió, aunque a cambio hice amigos extraordinarios con los que platiqué sobre eso y otras cosas triviales o no, lo cual fue infinitamente hermoso.
Cosa contraria: en una mezcaleada regalé al padre de uno de esos buenos amigos mi poemario de Bañuelos junto a uno de Gelman; no me arrepiento, es gente encantadora que nos trató (a mí y a mis amigos) de forma inigualable. Supongo que ese libro que me había acompañado en viajes y fronteras, estaba destinado a volver a la tierra de sus versos.
PROFECÍA INMEDIATA
Me salgo de esta hoja.
No sirve ya el papel.
No sirve el llanto.
Vengo de dar un doble puñetazo
en la mesa del hambre y de la usura.
Vengo de atar el miedo a un rayo desbocado,
de recoger la nieve que desciende,
de convertirse mi alma en una seca piel.
Vengo de dibujar el blanco
de una bala en mi frente,
de llevar la mañana a los ojos nublados,
de sacar a la calle al luto y a la fiebre.
No sirve ya el papel.
No sirve el llanto.
Escribo en las paredes
OBOE NOCTURNO
Nos lo dijo la noche reclinada como una mujer vieja
En aquella colina:
Partimos la soledad como el pan más amargo.
Y aun así hemos seguido viviendo.
Callamos puertas, deshojamos muros,
nadie nos vio correr tras el último tranvía de la noche.
Repasé caminando las palabras de arena
que les dije en el bar a los amigos,
y era mi boca la boca del silencio
mordiendo aquellas casas.
(Me custodia la ira con su puño de rejas,
con el sonido extinto de la sombra. Después,
mi tardo andar imita la dirección de un río
o el camino de hormigas alrededor de un árbol.)
Leo un anuncio de neón
que besa obscenamente la espalda de una estatua,
alguien hace el amor
y el mundo es más hermoso,
y es cierto que el sereno ronda su última vuelta
porque yo empiezo a ser testigo de los sueños.
A estas horas hay muchos hombres que van y vienen
alegres, preocupados, en el medio de la calle
o avanzando contra un muro.
Es la hora en que la fiebre sube a los enfermos
como una hiedra sonámbula y flotante.
Con los ojos fijos la música de un viejo cabaret
madura lentamente el deseo,
la quemadura busca querencia en la ceniza,
y recuerdo que es jueves
sólo por darle un nombre al tiempo.
Los silbatos de las fábricas cercanas
me traen preocupación y frío,
y me duele la noche y el auto que frena de repente
y el llanto del recién nacido.
Lo ordena el viento oscuro
para que tú recibas las balas
del guerrillero fusilado,
para que ames
aun desangrando en luto.
Y grita.
Grita con toda tu piel como si fuera
la lengua del mar mezclada con la noche.
O aún mejor: ponla tensa como un tambor que suene
y despierte a los hombres.
domingo, 20 de enero de 2013
La muerte de Jorge Debravo
El poeta costarricense más emblemático no necesita presentación, mucho menos su muerte ocurrida una noche cuando iba en su motocicleta, a pocos días de haberla comprado, cuando un conductor ebrio le arrolló. Comparto acá algunos de sus poemas que hacen referencia a esa temprana muerte que es un anuncio, una profecía constante en su obra.
Les elegí por referencia a los grandes temas, la muerte, los hijos, el amor, la vida y la resurrección, no son sino formas de hablar de lo fatal, formas de relacionarse con ella que adquieren sentido solo por su contraste: el amor es miedo, es muerte; los hijos, un futuro alimento del tiempo; la vida un deambular al sepulcro y un relato de esa historia que se empieza por acabar con el primer latido... la resurrección será tal vez un saludo amable desde nuestras cenizas.
Hace unos días leía que no es que el poeta busque la soledad, sino que la encuentra; pienso que Debravo era de esos seres que por la madera de la que estaban hechos debían padecer el frío de su soledad con tal de vivir, alejarse del barullo y la estupidez de lo habitual, aún a sabiendas de sus consecuencias. A él la muerte le parecía una dulce amiga con la que tendría una relación amor-odio, anhelada, mística, pacífica y brutal, descarnada y seductora; pero a su vez alejada por las bellezas de la vida tranquila y el amor a su familia.
Reyerta
Nadie quiere dejarme la muerte
sin tocar, grande y virgen: los viejos
me le tienen cogidos los brazos
y los niños cogidas las piernas.
Unos gritan por ella los gritos
más violentos de toda la patria.
Otros buscan mecates y cuerdas
para hacerla un atado y llevársela.
Todos quieren la muerte y la piden
y se llevan mi muerte a sus casas.
En la noche que muera, por eso
han de oírme blasfemias de sangre,
pues yo quiero mi muerte completa,
sin tener que partirla con nadie!
Hijos
Por la hija que ríe estoy doliente,
por el hijo que llora estoy en pena,
porque los dos me han puesto la colmena
del alma toda abierta y toda ardiente.
Porque los dos han hecho que ese diente
con que la vida muerde y envenena,
me clave más veneno entre la vena
y me vuelva el espanto incandescente.
Porque los dos son chorros de esperanza.
Porque los dos me pedirán mañana
un mendrugo de paz que no se alcanza.
Porque tendré que darles la campana
de la muerte, del odio y la venganza.
y nutrirles la voz con sangre humana
No eres una caricia:
eres un arma
No eres una caricia: eres un arma
afilando mi muerte.
Me has llenado de ojos asustados
para siempre.
Me has encauzado el alma hacia un oscuro
paisaje inexistente,
hacia un amor que nunca llega y nunca
termina de dolerme.
No eres una casa: eres un barco
que jamás se detiene.
Una mano terrible que excava mi dolor
eternamente.
Biografía
Una mañana como esta dicen que nací.
Quizá por eso mis manos son anchas como la mañana
y como ella saben acariciar sin posarse en el objeto acariciado.
Sin embargo,
yo sé que mi nacimiento ocurrió una noche,
hace pocas semanas...
Caía el viento desgarrado entre mis manos
y era feliz todo rostro que se encontrara húmedo de silencio.
Nunca has tenido la sensación de nacer?
Subí lentamente a una montaña viva.
Amontoné todos mis recuerdos.
Hice fardos con ellos,
y los tiré al vacío...
Rodaron como una manada de piedras desprendidas.
Al chocar con las rocas se deshacían unos.
Sonaban como cristales los menos.
Producían, los más, sonidos toscos y desagradables.
Qué hermoso alud el de mis recuerdos rondando!
Cayeron al fondo, cerca de un camino.
Hechos trizas de cristal los encontraron los viajeros,
se los guardaron en los bolsillos
y les enseñaron el arte de viajar.
Ahora sólo guardo mis nuevas experiencias.
Es más hermoso.
Algún día te las mostraré todas juntas.
Son suaves y enormes bolas de algodón.
Lástima que las nuevas experiencias
tengan que convertirse también en recuerdos!
Sería tan hermoso conservarlas siempre frescas,
como frutas nunca tocadas por la mano del hombre!
La muerte está desnuda
La muerte está desnuda frente al hombre.
Desnuda, simple, franca.
No es ojo cerrado por la sombra:
La muerte está desnuda frente al hombre
Simple como las mesas cotidianas,
Viva como el amor y, como el cuerpo
Resurrección
Esta noche sedienta yo me he preguntado
quién eres y quién eres.
Porqué es triste tu carne como un leño apagado
y porqué tienes llena la boca de alfileres.
Y despacio, esta noche yo te he separado
como un árbol de amor, de las demás mujeres,
y haciendo de mi sangre un agua he bautizado
con ella tus angustias y placeres.
Y le he dicho a la muerte que no puede matarme!
Y le he dicho a la vida que no puede vencerme!
Y le he dicho a la tierra que si logra enterrarme,
a donde ella me entierre tú irás a recogerme!
Y le he dicho a la nada que si logra apagarme,
tú, con tus grandes besos, volverás a encenderme!
lunes, 24 de diciembre de 2012
Navidad
Es imposible no ser asaltado a veces por recuerdos: una acción cualquier, una palabra similar, la vivencia de una tarde calurosa, algo que en stricto sensu no tiene nada que ver con el pasado, ni con emociones, ni con nada, lo que fue no se esconde detrás de las cosas para salir de imprevisto, tampoco se puede decir que lo que fue se lo llevó el viento, esa sería la metáfora de la esperanza de que esté ahí, en alguna parte y lo podamos descubrir.
Pero aún el pasado solo resida en la corrosión de la memoria, en el frío de lo pretérito expuesto al viento de la amnesia y la lluvia, nos ataca a veces, como a mí: sucedió que de repente me sentí solo y ya no quise estar más conmigo, entonces convoqué al recuerdo y la imaginación que me trajeron canciones, nombres, imágenes que bien pudieron no pasar, haber sucedido distinto o a otros, pues lo bueno de los recuerdos es que estos no tienen certeza, su crueldad dependerá del recuerdo mismo.
Pero el rememorar exige hacer patentes los recuerdos, en notas, en hechos, en algo, donde tal vez por cualquier motivo lo mire, recuerde que le dediqué un pensamiento, sin odio, sin amor, solo con la humedad de lo que fue y el sentimiento de hallarse ante un descampado lúgubre y hermoso.
Que me sienta particularmente incómodo en estas fechas se debe ha algo que tuvo que ver con ella, las fechas antes me eran tan banales, tan sin importancia, hasta que por culpa de nuestro apego y original empeño de constituir en significativo lo que no era, pasaron ha ser algo. Uno debería ser más cuidado a la hora de volver significativo lo insignificante, si lo liga ha alguien cuando ese no esté podría ser doloroso. Pero no me quejo, ese es el precio de la memoria, lo que hay que pagar para poder adornar este álbum de fotos que es la vida.
Hay algo tan atrayente, como el desierto de noche, como una gran ola a punto de inundarlo todo, algo magnífico e impactante, lo curioso del dolor es que contrario a la felicidad que siempre lleva otros nombres, es todo de uno, como la muerte que decía De Bravo, toda, todita para uno, sin tener que compartirla con nadie.
sábado, 3 de noviembre de 2012
Matutino
Julio Cortázar hablaba con ese tonito de burlarse de uno sobre aquella gente rara que aprieta el tubo dentífrico por la parte de abajo dejando una pancita o comba bien definida, y con esto se convierten en miembros irrenunciables del mainstream o del jet-set.
Pensando en eso durante una clase matutina luego de levantarme a deshoras entre boberías para no morir de la falta de sueno, viene esta chica bamboleándose con una de esas suéter grandes y esponjosas que dan sensación de abrazo, con el cabello chino largo, dándome una idea de estar en presencia de una manifestación sino divina al menos sirenesca, algo élfica propio de uno de esos seres volátiles que dan saltitos o coletazos por ahí a la luz de alguna luna dejando escamitas brillantes y enamorados estúpidamente eternos y no-correspondidos. Algo realmente tonto.
La cuestión es que llega esta chica medio flotando, pone su lata de jugo en el escritorio y saca una pajilla (lo que llaman en algunos lugares un popote) y la mete en el hueco de la latita, acerca los labios y aspira el juguito y bebe. Luego, lentamente separa los labios de la pajilla y deja esa humedad que hace que el popote se pegue la superficie del labio y se despegue lenta y atractivamente con sensación de mordisco.
Pero como siempre vuelvo en mí y recuerdo que son las siete de la mañana de un día húmedo, que estoy en clases bastante lejos de casa, que no le conozco ni le voy a conocer nunca pese a que está a menos de dos metros de distancia de mí y que lo ha estado durante casi seis meses, y que en realidad no me importa en lo más mínimo ni ella, ni el jugo, ni la baba que hace que los objetos se peguen a los labios y se despeguen tierna o eróticamente, y que beber jugo de una lata con una pajilla es en definitiva más raro que estripar el dentífrico por detrás; y que aunque fuera distinto acabaría por ser a la larga igual.
lunes, 1 de octubre de 2012
Un regreso posiblemente sin suerte
Regresaba de una cansada gira de la universidad, de uno de esos lugares donde el calor vuelve húmeda la ropa, vuelve húmedo el cuerpo y todo se revuelve al punto que para quitarse la camisa hay que pedir auxilio, cuando tuve la genial idea de bajarme antes y tomar un posible atajo a casa, uno de esos atajos que uno medio sospecha pero sabe bien que esa jodida idea será una mierda y todo acabará peor.
Como sea uno nunca se hace caso, y de eso se trata todo: uno nunca se hace caso, siempre ignoramos ese sexto sentido, ese sentido común, la obviedad de que los malos planes son malos desde que uno los piensa y sabe lo que será... pero igual los hace.
Para llegar a mi casa debería tomar apenas un par de buses, uno desde ahí al centro, otro del centro a mi casa. No más de media hora todo el trayecto. Eran las 3:36 cuando bajé con un amigo de la micro que me indicó la parada.
Primera porquería: el bus pasaba cada hora y media y recién pasó... además me dieron ganas de orinar.
Mi instinto me dijo no bajar, no tomar atajos... una vez hecho eso, me dijo "ve caminando". Pero no lo hice, me quedé hora y media en la parada con la vejiga llena y unos tabacos, pero las vejigas son exigentes y tuve ir justo en el momento en que a mis espaldas mientras los chorros de orina me mojaban los zapatos pasaba el bus que había esperado hora y media. Cerré el zipper y medio orinado salí tras el bus que medio paraba a ratos como para animarme en vano... nunca aprendí a silvar, algo vital para sobrevivir en la ciudad entre la intransigencia de los choferes.
No hará falta decir que lo perdí. Decidí entonces caminar, cuatro kilómetros, con una lluvia necia de esa que es poquita y pero prolongada. Por suerte, luego de dos kilómetros mojado y exhausto, pude subir a otro bus, por fin rumbo al centro. Mientras pensaba en lo terrible del regreso me asaltó el pensamiento de que fue karma por burlarme de la lisiada o por mi maldad, o por algo; también pensé en lo amable que suena mi voz cuando me dirijo a un desconocido para solicitar su ayuda, pura hipocrecía, en realidad soy un gran odioso, de ahí el karma, pero la verdad en la ciudad todos lo somos, uno se vuelve adicto a ser un pequeño universo cuyos bordes podrían estallar si chocara con otro, y sucesivamente así. Todos estamos solos.
De repente el bus hizo una parada y subió una mujer con un sleeping y un perfume dulce que daba ganas de llorar, por algún extraño motivo sentí que en esa imagen se condensaba la esencia de mi vida y todos los cambios de los últimos meses. Me sentí como si en ella saludara a mi pasado y lo dejara irse, sentarse lejos, atrás, en lo más profundo de mi memoria, en los asientos del medio. Fue una extraña reconciliación, posiblemente todo efecto de su aroma, una mujer que huele dulce siempre me conforta con nostalgias, como si lo dulce hubiese quedado atrás en lo pasado y ahora sabría que tenía que dejar de divertirme y doblar el lomo.
Fue un momento hermoso pero demasiado serio, como decir la vida real o cumplir 25 sin tener trabajo, hasta llegué a pensar que había valido la pena la espera, el cansancio de la caminata y las malas decisiones, el hacer esperar a los amigos de la reunión de más tarde. Como si entre ella y yo se hubiera abierto un camino que pasaba por mis memorias y mis sueños, de su alma a mi vacío, de mi vacío al suyo y viceversa, me sentí enamorado sin ver siquiera su rostro, solo ese olor sintético del perfume barato. Una mujer que produce el llanto en un corazón más bien seco siempre enamora.
Pero la joven bajó y se llevó su olor dejando morir un leve rastro en el aire. Cosa curiosa que mientras lo hacía creí escuchar una queja por mi mal olor. Me dio risa, mientras llegaba mi parada a tomar un bus que no era el mío pensé en lo irónico de todo: ella fue algo para mí y yo una molestia para ella, un tipo sudado con cara de Jesucristo indigente y terrible aroma.
Decidí hacer el resto del trayecto a pata y sin paraguas.
Como sea uno nunca se hace caso, y de eso se trata todo: uno nunca se hace caso, siempre ignoramos ese sexto sentido, ese sentido común, la obviedad de que los malos planes son malos desde que uno los piensa y sabe lo que será... pero igual los hace.
Para llegar a mi casa debería tomar apenas un par de buses, uno desde ahí al centro, otro del centro a mi casa. No más de media hora todo el trayecto. Eran las 3:36 cuando bajé con un amigo de la micro que me indicó la parada.
Primera porquería: el bus pasaba cada hora y media y recién pasó... además me dieron ganas de orinar.
Mi instinto me dijo no bajar, no tomar atajos... una vez hecho eso, me dijo "ve caminando". Pero no lo hice, me quedé hora y media en la parada con la vejiga llena y unos tabacos, pero las vejigas son exigentes y tuve ir justo en el momento en que a mis espaldas mientras los chorros de orina me mojaban los zapatos pasaba el bus que había esperado hora y media. Cerré el zipper y medio orinado salí tras el bus que medio paraba a ratos como para animarme en vano... nunca aprendí a silvar, algo vital para sobrevivir en la ciudad entre la intransigencia de los choferes.
No hará falta decir que lo perdí. Decidí entonces caminar, cuatro kilómetros, con una lluvia necia de esa que es poquita y pero prolongada. Por suerte, luego de dos kilómetros mojado y exhausto, pude subir a otro bus, por fin rumbo al centro. Mientras pensaba en lo terrible del regreso me asaltó el pensamiento de que fue karma por burlarme de la lisiada o por mi maldad, o por algo; también pensé en lo amable que suena mi voz cuando me dirijo a un desconocido para solicitar su ayuda, pura hipocrecía, en realidad soy un gran odioso, de ahí el karma, pero la verdad en la ciudad todos lo somos, uno se vuelve adicto a ser un pequeño universo cuyos bordes podrían estallar si chocara con otro, y sucesivamente así. Todos estamos solos.
De repente el bus hizo una parada y subió una mujer con un sleeping y un perfume dulce que daba ganas de llorar, por algún extraño motivo sentí que en esa imagen se condensaba la esencia de mi vida y todos los cambios de los últimos meses. Me sentí como si en ella saludara a mi pasado y lo dejara irse, sentarse lejos, atrás, en lo más profundo de mi memoria, en los asientos del medio. Fue una extraña reconciliación, posiblemente todo efecto de su aroma, una mujer que huele dulce siempre me conforta con nostalgias, como si lo dulce hubiese quedado atrás en lo pasado y ahora sabría que tenía que dejar de divertirme y doblar el lomo.
Fue un momento hermoso pero demasiado serio, como decir la vida real o cumplir 25 sin tener trabajo, hasta llegué a pensar que había valido la pena la espera, el cansancio de la caminata y las malas decisiones, el hacer esperar a los amigos de la reunión de más tarde. Como si entre ella y yo se hubiera abierto un camino que pasaba por mis memorias y mis sueños, de su alma a mi vacío, de mi vacío al suyo y viceversa, me sentí enamorado sin ver siquiera su rostro, solo ese olor sintético del perfume barato. Una mujer que produce el llanto en un corazón más bien seco siempre enamora.
Pero la joven bajó y se llevó su olor dejando morir un leve rastro en el aire. Cosa curiosa que mientras lo hacía creí escuchar una queja por mi mal olor. Me dio risa, mientras llegaba mi parada a tomar un bus que no era el mío pensé en lo irónico de todo: ella fue algo para mí y yo una molestia para ella, un tipo sudado con cara de Jesucristo indigente y terrible aroma.
Decidí hacer el resto del trayecto a pata y sin paraguas.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Donde sueñan los colibrís
¿Cómo estará ese país detenido en el inmóvil en el tiempo de los recuerdos? De la vida que fui me quedan cuadros de sueños, unos trozos de viento guardados en un papel, cosas pintadas con el desgastado matiz de la memoria, unas cuantas sombras que transitan lugares tan conocidos y lejanos.
No hablo de los kilómetros o metros que me separan sino de algo más profundo, Antoine de Saint-Exupéry escribió una vez:
Pero ese lugar no es mi amigo y su ausencia es total, como la ausencia de nostalgia. No extraño nada, soy un aquí y un ahora, esos paisajes que monótonamente recorría, amaba, odiaba, que anclan mis recuerdos y mis anhelos diarios ya no me interpelan, ni familia, ni hogar, ni otras ahora banalidades, soy más aquí y más ahora, más este lugar que aquel que me espera indiferente, sin certeza de una almohada.
Acá sería viento, un destello ocasional de bondad del que se vive, la incertidumbre hecha cotidiana. Pero eso es decir casi nada, es dar manotazos en el aire.
Un amigo se pregunta donde sueñan los colibrís, otro enrola un porro, otro baila conmigo, Sara teje y canta en nuestro pequeño cuartito de dos colchones en este colorido hostal punk; este instante se va, la vida es acá, es este momento, flota sobre la firmeza del aire sin tocarlo, es una nada dudosa, un castillito de telarañas y humo sobre el agua, un aletear.
Habría que salirse de lo seguro, ser más y menos a la vez, este camino conduce a vías rojas quemadas por el sol de quien camina, a memorias mal vividas y peor recordadas, ancianos que portan viejos estandartes y los transmiten a gente con una realidad tan distante.
Pienso en Anahuac y no sé que decir de ello, suena Manu Chao y espero a que enciendan el hachís, seguro un día un hijo mío leerá esto y sabrá en que andaba su padre. Pero la verdad ya no espero nada, quizá sea más feliz o más torpe, son cosas que solo sabré al volver y chocar contra esos muros que nunca se mueven y cuya misión es hacernos doblar y conocer caminos; acá no hay eso, si siempre te estás moviendo no echas raíces, esta gente no sabe que vive pero cree vivir tanto, se les nota a leguas que bien podrían ponerse a llorar o a reir y mañana lo olvidarían. No creo que sea una virtud, recordar nuestras risas y dolores es imprescindible, más que comer o beber agua. Supongo que después de todo, es aquí donde sueñan los colibrís, es aquí donde baten sus alas sin descanso hasta que su corazón se detenga y caigan con todos sus colores y plumajes en cualquier punto del mundo a donde su prisa les haya llevado, y se pudran, y el mundo siga igual, y no importe.
No sé como será volver, estoy en México, en Chiapas, ignoro como mi vieja casa ha vivido mi ausencia, yo suelo huir a las despedidas para ahorrar lágrimas y palabras que deben de venir contadas al nacer, y que cuando se nos acaban es cuando nos llega la muerte, sin tener ya con que responderle. Pero mi falta se habrá hecho cotidiana, mi no-presencia un lugar común en la cartografía de la casa.
Ya me han pasado el hachís, son las 12:03 media noche, el efecto pesado de la hierba me trae un delicado sueño, como un apagarse. He vivido tanto últimamente y lo he olvidado casi todo. Vuelvo a casa aún siendo yo, uno no se aleja de sí mismo, solo llevo la mochila más pesada. Deseo dormir, antes pienso en que vendrá, bato mis alas y me entrego al sueño de los colibrís.
Miércoles 15 de enero, 2012 (Iniciado a las 11:26 pm)
Casa Libertad, San Cristobal de las Casas, Chiapas
No hablo de los kilómetros o metros que me separan sino de algo más profundo, Antoine de Saint-Exupéry escribió una vez:
"Que l’on soit absent dans la pièce voisine, ou sur l’autre versant de la planète, la différence n’est pas essentielle.La présence de l’ami qui en apparence s’est éloigné, peut se faire plus dense qu’une présence réelle"
(Que estemos ausentes en la pieza vecina o en el otro extremo del planeta, la diferencia no es esencial. La presencia del amigo que se a alejado en apariencia puede tornarse mas densa que una presencia real)
Pero ese lugar no es mi amigo y su ausencia es total, como la ausencia de nostalgia. No extraño nada, soy un aquí y un ahora, esos paisajes que monótonamente recorría, amaba, odiaba, que anclan mis recuerdos y mis anhelos diarios ya no me interpelan, ni familia, ni hogar, ni otras ahora banalidades, soy más aquí y más ahora, más este lugar que aquel que me espera indiferente, sin certeza de una almohada.
Acá sería viento, un destello ocasional de bondad del que se vive, la incertidumbre hecha cotidiana. Pero eso es decir casi nada, es dar manotazos en el aire.
Un amigo se pregunta donde sueñan los colibrís, otro enrola un porro, otro baila conmigo, Sara teje y canta en nuestro pequeño cuartito de dos colchones en este colorido hostal punk; este instante se va, la vida es acá, es este momento, flota sobre la firmeza del aire sin tocarlo, es una nada dudosa, un castillito de telarañas y humo sobre el agua, un aletear.
Habría que salirse de lo seguro, ser más y menos a la vez, este camino conduce a vías rojas quemadas por el sol de quien camina, a memorias mal vividas y peor recordadas, ancianos que portan viejos estandartes y los transmiten a gente con una realidad tan distante.
Pienso en Anahuac y no sé que decir de ello, suena Manu Chao y espero a que enciendan el hachís, seguro un día un hijo mío leerá esto y sabrá en que andaba su padre. Pero la verdad ya no espero nada, quizá sea más feliz o más torpe, son cosas que solo sabré al volver y chocar contra esos muros que nunca se mueven y cuya misión es hacernos doblar y conocer caminos; acá no hay eso, si siempre te estás moviendo no echas raíces, esta gente no sabe que vive pero cree vivir tanto, se les nota a leguas que bien podrían ponerse a llorar o a reir y mañana lo olvidarían. No creo que sea una virtud, recordar nuestras risas y dolores es imprescindible, más que comer o beber agua. Supongo que después de todo, es aquí donde sueñan los colibrís, es aquí donde baten sus alas sin descanso hasta que su corazón se detenga y caigan con todos sus colores y plumajes en cualquier punto del mundo a donde su prisa les haya llevado, y se pudran, y el mundo siga igual, y no importe.
No sé como será volver, estoy en México, en Chiapas, ignoro como mi vieja casa ha vivido mi ausencia, yo suelo huir a las despedidas para ahorrar lágrimas y palabras que deben de venir contadas al nacer, y que cuando se nos acaban es cuando nos llega la muerte, sin tener ya con que responderle. Pero mi falta se habrá hecho cotidiana, mi no-presencia un lugar común en la cartografía de la casa.
Ya me han pasado el hachís, son las 12:03 media noche, el efecto pesado de la hierba me trae un delicado sueño, como un apagarse. He vivido tanto últimamente y lo he olvidado casi todo. Vuelvo a casa aún siendo yo, uno no se aleja de sí mismo, solo llevo la mochila más pesada. Deseo dormir, antes pienso en que vendrá, bato mis alas y me entrego al sueño de los colibrís.
Miércoles 15 de enero, 2012 (Iniciado a las 11:26 pm)
Casa Libertad, San Cristobal de las Casas, Chiapas
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