Transcribo acá un leve fragmento de una serie de cartas que quisiera compartir, si todo anda de forma deseable, escribiré el texto completo apenas le revise.
Cuando yo me muera, y el tiempo cubra mi nombre con hojas secas y nuevos nombres, cuando ya no sea más que una nota olvidada, más que una rama echada al azar en el camino; tendrás tiempo para mirar que la vida camina sorda, indiferente, conmigo o sin mí sigue avanzando, quiza mejor o peor.
Solo vos seguirás, al final sabrás que solo te tienes a tí misma, por más terrible que parezca estás más sola que un náufrago en medio del desierto, eso lo sabe cualquiera, es un lugar común, lo que pasa es que aún ni sabes donde está, ni te crees el desierto. En la vida todo se va, yo, él, nosotros, el amor, el sexo, las paredes, los versos, la nostalgia, la muerte; solo vos seguirás perpetua, pero solo para tí misma, después de todo puede ser falso que existamos porque nos reflejamos en los ojos de los otros, pues cuando todo cierra sus párpados, los nuestros siguen abiertos, todo para ser testigos de la miseria.
Yo amáblemente te sugeriría no ser tan perenne.
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