domingo, 20 de enero de 2013

La muerte de Jorge Debravo



El poeta costarricense más emblemático no necesita presentación, mucho menos su muerte ocurrida una noche cuando iba en su motocicleta, a pocos días de haberla comprado, cuando un conductor ebrio le arrolló. Comparto acá algunos de sus poemas que hacen referencia a esa temprana muerte que es un anuncio, una profecía constante en su obra. 

Les elegí por referencia a los grandes temas, la muerte, los hijos, el amor, la vida y la resurrección, no son sino formas de hablar de lo fatal, formas de relacionarse con ella que adquieren sentido solo por su contraste: el amor es miedo, es muerte; los hijos, un futuro alimento del tiempo; la vida un deambular al sepulcro y un relato de esa historia que se empieza por acabar con el primer latido... la resurrección será tal vez un saludo amable desde nuestras cenizas. 

Hace unos días leía que no es que el poeta busque la soledad, sino que la encuentra; pienso que Debravo era de esos seres que por la madera de la que estaban hechos debían padecer el frío de su soledad con tal de vivir, alejarse del barullo y la estupidez de lo habitual, aún a sabiendas de sus consecuencias. A él la muerte le parecía una dulce amiga con la que tendría una relación amor-odio, anhelada, mística, pacífica y brutal, descarnada y seductora; pero a su vez alejada por las bellezas de la vida tranquila y el amor a su familia.


Reyerta


Nadie quiere dejarme la muerte

sin tocar, grande y virgen: los viejos
me le tienen cogidos los brazos
y los niños cogidas las piernas.

Unos gritan por ella los gritos

más violentos de toda la patria.
Otros buscan mecates y cuerdas
para hacerla un atado y llevársela.

Todos quieren la muerte y la piden

y se llevan mi muerte a sus casas.

En la noche que muera, por eso

han de oírme blasfemias de sangre,
pues yo quiero mi muerte completa,
sin tener que partirla con nadie!


Hijos


Por la hija que ríe estoy doliente,
por el hijo que llora estoy en pena,
porque los dos me han puesto la colmena
del alma toda abierta y toda ardiente.

Porque los dos han hecho que ese diente
con que la vida muerde y envenena,
me clave más veneno entre la vena
y me vuelva el espanto incandescente.

Porque los dos son chorros de esperanza.
Porque los dos me pedirán mañana
un mendrugo de paz que no se alcanza.
Porque tendré que darles la campana
de la muerte, del odio y la venganza.
y nutrirles la voz con sangre humana



No eres una caricia:

eres un arma

No eres una caricia: eres un arma

afilando mi muerte.
Me has llenado de ojos asustados
para siempre.

Me has encauzado el alma hacia un oscuro

paisaje inexistente,
hacia un amor que nunca llega y nunca
termina de dolerme.

No eres una casa: eres un barco

que jamás se detiene.
Una mano terrible que excava mi dolor 
eternamente. 


Biografía


Una mañana como esta dicen que nací.

Quizá por eso mis manos son anchas como la mañana
y como ella saben acariciar sin posarse en el objeto acariciado.

Sin embargo,

yo sé que mi nacimiento ocurrió una noche,
hace pocas semanas...
Caía el viento desgarrado entre mis manos
y era feliz todo rostro que se encontrara húmedo de silencio.
Nunca has tenido la sensación de nacer?

Subí lentamente a una montaña viva.

Amontoné todos mis recuerdos.
Hice fardos con ellos,
y los tiré al vacío... 
Rodaron como una manada de piedras desprendidas.
Al chocar con las rocas se deshacían unos.
Sonaban como cristales los menos.
Producían, los más, sonidos toscos y desagradables.
Qué hermoso alud el de mis recuerdos rondando!
Cayeron al fondo, cerca de un camino.
Hechos trizas de cristal los encontraron los viajeros,
se los guardaron en los bolsillos
y les enseñaron el arte de viajar.

Ahora sólo guardo mis nuevas experiencias.

Es más hermoso.
Algún día te las mostraré todas juntas.
Son suaves y enormes bolas de algodón.
Lástima que las nuevas experiencias
tengan que convertirse también en recuerdos!
Sería tan hermoso conservarlas siempre frescas,
como frutas nunca tocadas por la mano del hombre!


La muerte está desnuda



La muerte está desnuda frente al hombre.
Desnuda, simple, franca.
No es ojo cerrado por la sombra:
es una piedra blanca,
una pared escueta, una muralla
dura y definitiva.
Morir es entregar la batalla a otras manos
como una mano viva.

La muerte está desnuda frente al hombre

y es simple como el paso,
el corazón, el labio,
la silla y el abrazo.

Simple como las mesas cotidianas,

como la cena diaria.

Viva como el amor y, como el cuerpo
,

concreta y necesaria



Resurrección

Esta noche sedienta yo me he preguntado
quién eres y quién eres.
Porqué es triste tu carne como un leño apagado
y porqué tienes llena la boca de alfileres.

Y despacio, esta noche yo te he separado 
como un árbol de amor, de las demás mujeres,
y haciendo de mi sangre un agua he bautizado
con ella tus angustias y placeres.

Y le he dicho a la muerte que no puede matarme!
Y le he dicho a la vida que no puede vencerme!
Y le he dicho a la tierra que si logra enterrarme,
a donde ella me entierre tú irás a recogerme!
Y le he dicho a la nada que si logra apagarme,
tú, con tus grandes besos, volverás a encenderme!


lunes, 24 de diciembre de 2012

Navidad


Es imposible no ser asaltado a veces por recuerdos: una acción cualquier, una palabra similar, la vivencia de una tarde calurosa, algo que en stricto sensu no tiene nada que ver con el pasado, ni con emociones, ni con nada, lo que fue no se esconde detrás de las cosas para salir de imprevisto, tampoco se puede decir que lo que fue se lo llevó el viento, esa sería la metáfora de la esperanza de que esté ahí, en alguna parte y lo podamos descubrir.

Pero aún el pasado solo resida en la corrosión de la memoria, en el frío de lo pretérito expuesto al viento de la amnesia y la lluvia, nos ataca a veces, como a mí: sucedió que de repente me sentí solo y ya no quise estar más conmigo, entonces convoqué al recuerdo y la imaginación que me trajeron canciones, nombres, imágenes que bien pudieron no pasar, haber sucedido distinto o a otros, pues lo bueno de los recuerdos es que estos no tienen certeza, su crueldad dependerá del recuerdo mismo.

Pero el rememorar exige hacer patentes los recuerdos, en notas, en hechos, en algo, donde tal vez por cualquier motivo lo mire, recuerde que le dediqué un pensamiento, sin odio, sin amor, solo con la humedad de lo que fue y el sentimiento de hallarse ante un descampado lúgubre y hermoso.

Que me sienta particularmente incómodo en estas fechas se debe ha algo que tuvo que ver con ella, las fechas antes me eran tan banales, tan sin importancia, hasta que por culpa de nuestro apego y original empeño de constituir en significativo lo que no era, pasaron ha ser algo. Uno debería ser más cuidado a la hora de volver significativo lo insignificante, si lo liga ha alguien cuando ese no esté podría ser doloroso. Pero no me quejo, ese es el precio de la memoria, lo que hay que pagar para poder adornar este álbum de fotos que es la vida.

Hay algo tan atrayente, como el desierto de noche, como una gran ola a punto de inundarlo todo, algo magnífico e impactante, lo curioso del dolor es que contrario a la felicidad que siempre lleva otros nombres, es todo de uno, como la muerte que decía De Bravo, toda, todita para uno, sin tener que compartirla con nadie.




sábado, 3 de noviembre de 2012

Matutino


    Julio Cortázar hablaba con ese tonito de burlarse de uno sobre aquella gente rara que aprieta el tubo dentífrico por la parte de abajo dejando una pancita o comba bien definida, y con esto se convierten en miembros irrenunciables del mainstream o del jet-set.

   Pensando en eso durante una clase matutina luego de levantarme a deshoras entre boberías para no morir de la falta de sueno, viene esta chica bamboleándose con una de esas suéter grandes y esponjosas que dan sensación de abrazo, con el cabello chino largo, dándome una idea de estar en presencia de una manifestación sino divina al menos sirenesca, algo élfica propio de uno de esos seres volátiles que dan saltitos o coletazos por ahí a la luz de alguna luna dejando escamitas brillantes y enamorados estúpidamente eternos y no-correspondidos. Algo realmente tonto.

    La cuestión es que llega esta chica medio flotando, pone su lata de jugo en el escritorio y saca una pajilla (lo que llaman en algunos lugares un popote) y la mete en el hueco de la latita, acerca los labios y aspira el juguito y bebe. Luego, lentamente separa los labios de la pajilla y deja esa humedad que hace que el popote se pegue la superficie del labio y se despegue lenta y atractivamente con sensación de mordisco.

    Pero como siempre vuelvo en mí y recuerdo que son las siete de la mañana de un día húmedo, que estoy en clases bastante lejos de casa, que no le conozco ni le voy a conocer nunca pese a que está a menos de dos metros de distancia de mí y que lo ha estado durante casi seis meses, y que en realidad no me importa en lo más mínimo ni ella, ni el jugo, ni la baba que hace que los objetos se peguen a los labios y se despeguen tierna o eróticamente, y que beber jugo de una lata con una pajilla es en definitiva más raro que estripar el dentífrico por detrás; y que aunque fuera distinto acabaría por ser a la larga igual.



 

lunes, 1 de octubre de 2012

Un regreso posiblemente sin suerte

Regresaba de una cansada gira de la universidad, de uno de esos lugares donde el calor vuelve húmeda la ropa, vuelve húmedo el cuerpo y todo se revuelve al punto que para quitarse la camisa hay que pedir auxilio, cuando tuve la genial idea de bajarme antes y tomar un posible atajo a casa, uno de esos atajos que uno medio sospecha pero sabe bien que esa jodida idea será una mierda y todo acabará peor.

Como sea uno nunca se hace caso, y de eso se trata todo: uno nunca se hace caso, siempre ignoramos ese sexto sentido, ese sentido común, la obviedad de que los malos planes son  malos desde que uno los piensa y sabe lo que será... pero igual los hace.
Para llegar a mi casa debería tomar apenas un par de buses, uno desde ahí al centro, otro del centro a mi casa. No más de media hora todo el trayecto. Eran las 3:36 cuando bajé con un amigo de la micro que me indicó la parada.

Primera porquería: el bus pasaba cada hora y media y recién pasó... además me dieron ganas de orinar.

Mi instinto me dijo no bajar, no tomar atajos... una vez hecho eso, me dijo "ve caminando". Pero no lo hice, me quedé hora y media en la parada con la vejiga llena y unos tabacos, pero las vejigas son exigentes y tuve ir justo en el momento en que a mis espaldas mientras los chorros de orina me mojaban los zapatos pasaba el bus que había esperado hora y media. Cerré el zipper y medio orinado salí tras el bus que medio paraba a ratos como para animarme en vano... nunca aprendí a silvar, algo vital para sobrevivir en la ciudad entre la intransigencia de los choferes.

No hará falta decir que lo perdí. Decidí entonces caminar, cuatro kilómetros, con una lluvia necia de esa que es poquita y pero prolongada. Por suerte, luego de dos kilómetros mojado y exhausto, pude subir a otro bus, por fin rumbo al centro. Mientras pensaba en lo terrible del regreso me asaltó el pensamiento de que fue karma por burlarme de la lisiada o por mi maldad, o por algo; también pensé en lo amable que suena mi voz cuando me dirijo a un desconocido para solicitar su ayuda, pura hipocrecía, en realidad soy un gran odioso, de ahí el karma, pero la verdad en la ciudad todos lo somos, uno se vuelve adicto a ser un pequeño universo cuyos bordes podrían estallar si chocara con otro, y sucesivamente así. Todos estamos solos.

De repente el bus hizo una parada y subió una mujer con un sleeping y un perfume dulce que daba ganas de llorar, por algún extraño motivo sentí que en esa imagen se condensaba la esencia de mi vida y todos los cambios de los últimos meses. Me sentí como si en ella saludara a mi pasado y lo dejara irse, sentarse lejos, atrás, en lo más profundo de mi memoria, en los asientos del medio. Fue una extraña reconciliación, posiblemente todo efecto de su aroma, una mujer que huele dulce siempre me conforta con nostalgias, como si lo dulce hubiese quedado atrás en lo pasado y ahora sabría que tenía que dejar de divertirme y doblar el lomo.

Fue un momento hermoso pero demasiado serio, como decir la vida real o cumplir 25 sin tener trabajo, hasta llegué a pensar que había valido la pena la espera, el cansancio de la caminata y las malas decisiones, el hacer esperar a los amigos de la reunión de más tarde. Como si entre ella y yo se hubiera abierto un camino que pasaba por mis memorias y mis sueños, de su alma a mi vacío, de mi vacío al suyo y viceversa, me sentí enamorado sin ver siquiera su rostro, solo ese olor sintético del perfume barato. Una mujer que produce el llanto en un corazón más bien seco siempre enamora.

Pero la joven bajó y se llevó su olor dejando morir un leve rastro en el aire. Cosa curiosa que mientras lo hacía creí escuchar una queja por mi mal olor. Me dio risa, mientras llegaba mi parada a tomar un bus que no era el mío pensé en lo irónico de todo: ella fue algo para mí y yo una molestia para ella, un tipo sudado con cara de Jesucristo indigente y terrible aroma.

Decidí hacer el resto del trayecto a pata y sin paraguas.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Donde sueñan los colibrís

¿Cómo estará ese país detenido en el inmóvil en el tiempo de los recuerdos? De la vida que fui me quedan cuadros de sueños, unos trozos de viento guardados en un papel, cosas pintadas con el desgastado matiz de la memoria, unas cuantas sombras que transitan lugares tan conocidos y lejanos.
No hablo de los kilómetros o metros que me separan sino de algo más profundo, Antoine de Saint-Exupéry escribió una vez:

 "Que l’on soit absent dans la pièce voisine, ou sur l’autre versant de la planète, la différence n’est pas essentielle.La présence de l’ami qui en apparence s’est éloigné, peut se faire plus dense qu’une présence réelle" 
(Que estemos ausentes en la pieza vecina o en el otro extremo del planeta, la diferencia no es esencial. La presencia del amigo que se a alejado en apariencia puede tornarse mas densa que una presencia real)

Pero ese lugar no es mi amigo y su ausencia es total, como la ausencia de nostalgia. No extraño nada, soy un aquí y un ahora, esos paisajes que monótonamente recorría, amaba, odiaba, que anclan mis recuerdos y mis anhelos diarios ya no me interpelan, ni familia, ni hogar, ni otras ahora banalidades, soy más aquí y más ahora, más este lugar que aquel que me espera indiferente, sin certeza de una almohada. 
Acá sería viento, un destello ocasional de bondad del que se vive, la incertidumbre hecha cotidiana. Pero eso es decir casi nada, es dar manotazos en el aire.

Un amigo se pregunta donde sueñan los colibrís, otro enrola un porro, otro baila conmigo, Sara teje y canta en nuestro pequeño cuartito de dos colchones en este colorido hostal punk; este instante se va, la vida es acá, es este momento, flota sobre la firmeza del aire sin tocarlo, es una nada dudosa, un castillito de telarañas y humo sobre el agua, un aletear.

Habría que salirse de lo seguro, ser más y menos a la vez, este camino conduce a vías rojas quemadas por el sol de quien camina, a memorias mal vividas y peor recordadas, ancianos que portan viejos estandartes y los transmiten a gente con una realidad tan distante.

Pienso en Anahuac y no sé que decir de ello, suena Manu Chao y espero a que enciendan el hachís, seguro un día un hijo mío leerá esto y sabrá en que andaba su padre. Pero la verdad ya no espero nada, quizá sea más feliz o más torpe, son cosas que solo sabré al volver y chocar contra esos muros que nunca se mueven y cuya misión es hacernos doblar y conocer caminos; acá no hay eso, si siempre te estás moviendo no echas raíces, esta gente no sabe que vive pero cree vivir tanto, se les nota a leguas que bien podrían ponerse a llorar o a reir y mañana lo olvidarían. No creo que sea una virtud, recordar nuestras risas y dolores es imprescindible, más que comer o beber agua. Supongo que después de todo, es aquí donde sueñan los colibrís, es aquí donde baten sus alas sin descanso hasta que su corazón se detenga y caigan con todos sus colores y plumajes en cualquier punto del mundo a donde su prisa les haya llevado, y se pudran, y el mundo siga igual, y no importe.

No sé como será volver, estoy en México, en Chiapas, ignoro como mi vieja casa ha vivido mi ausencia, yo suelo huir a las despedidas para ahorrar lágrimas y palabras que deben de venir contadas al nacer, y que cuando se nos acaban es cuando nos llega la muerte, sin tener ya con que responderle. Pero mi falta se habrá hecho cotidiana, mi no-presencia un lugar común en la cartografía de la casa.

Ya me han pasado el hachís, son las 12:03 media noche, el efecto pesado de la hierba me trae un delicado sueño, como un apagarse. He vivido tanto últimamente y lo he olvidado casi todo. Vuelvo a casa aún siendo yo, uno no se aleja de sí mismo, solo llevo la mochila más pesada. Deseo dormir, antes pienso en que vendrá, bato mis alas y me entrego al sueño de los colibrís.


Miércoles 15 de enero, 2012 (Iniciado a las 11:26 pm)
Casa Libertad, San Cristobal de las Casas, Chiapas

miércoles, 1 de agosto de 2012

Llegar a casa


Enciendes la computadora esperando una noticia
que te aleje del cansancio,
que estire tus pupilas hasta convertirlas en grito,
que remueva el polvo y las nubes
de esta falsa noche pintada con malas acuarelas.

Los tradicionales hechos hacen su puesta en escena.
El tedio vuelto hábito y puesto como roja noticia.
Estupefacto ante el absurdo
de que winnie pooh consuma heroína.

En ese momento pido muerte
y distancia a este pellejo de sueños;
quisiera arrancar la mitad de mi cuerpo
y enviarla lejos.

Posiblemente mañana sea igual,
el cansancio cerrará mis ojos,
pensar que un día sin estupideces
debe ser una virtud.
Odiar no ser virtuoso,
y sentarte en la cama,
con la cabeza enterrada entre corroídas manos
para que no se te escape el único pensamiento
que acaricia al despertador en la mañana:

Golpes en la vida,
tal vez no te han hecho más fuerte;
pero definitivamente me han arrancado
toda esa piel que sobra.
Me han permitido ver mis huesos.



domingo, 1 de julio de 2012

Las esperas y las moscas

"Al final, de repente, doy un manotazo en la mesa, recojo y me disculpo con las difuntas moscas inocentes víctimas de mi arrebato, les debo una explicación; les cuento que me debato si el respeto y la sinceridad son en mí una excusa para el miedo, y el miedo otra para la inacción, y esta de otra cosa que se me olvida; que si las esperas solapan mis fracasos, que a veces me da eso de sentirme solo y no querer estar más conmigo. Entonces dan tocecitas, se escurren y vuelan alocadas contra la ventana. Me dejan solo con mis confidencias que son crueles testigos de mis fracasos y de los severos juicios con que me juzgo, además me pellizcan. Recojo el matamoscas y acabo por narrarles mi vida